Han pasado cuatro meses desde la COP30 en Brasil.
Mientras mis maravillosas colegas, Hannah, Marcela, Verónica y Cristina, estaban allí en Belém observando el evento como parte del equipo de investigación de CAMAMAZON, yo permanecí en Aberystwyth con mis clases. Casualmente, en ese momento estaba impartiendo mi módulo sobre Historia Ambiental de América Latina. Una de mis clases trataba sobre la historia del Amazonas, y Belém formaba parte de ella; así que tenía a Belém presente en mi corazón. Y también tenía a mis colegas y a esas comunidades que llevaban meses preparándose para la COP y tenían tantas esperanzas al respecto.
Tuve la oportunidad de conocer a algunas de estas comunidades desde que formé parte del taller CAMAMAZON 2024, una semana llena de historias y aprendizajes poderosos, felices y tristes. Con la gente de Belém, compartimos comida, abrazos y “fraternidad”. Éramos “um povo latino”, un pueblo latino. Las comunidades de Belém que conocí me recordaron a los “pueblos anfibios” colombianos, pescadores y sus familias que viven junto al agua. Así eran, en mi “imaginario”, las personas en Belém que recibieron a delegados VIP de todo el mundo para hablar sobre el clima en la COP 2025. Por ello, seguí muy atentamente las noticias y los primeros informes no eran prometedores, aunque las noticias del activismo indígena eran alentadoras. Más adelante, he podido contrastar estos informes con las memorias de mis colegas, que aún estoy procesando de la única manera que puedo, dada mi conexión con mis propios “territorios”: sentipensando.
En este texto, pretendo desenredar, o quizá, más bien, entrelazar ideas de sentipensamiento, multiterritorialidad y tierra – y Tierra, teniendo en cuenta que su versión en inglés original requería de elaboración adicional para combinar las nociones de Earth-Soil-mud como una misma tierra o terra como las conocemos en español o en portugués. Esto, para dar una idea multilingüe de la posición desde la que leo y aprendo de las experiencias que me han traído mis colegas y otros miembros de CAMAMAZON de la COP30.
Sentipensar las experiencias de mis colegas en la COP, desde fuera, es muy complejo. Para mí, es difícil situarme en espacios de gobernanza mundial, en esas poderosas sillas donde se toman decisiones que nos afectan a todos, mientras el resto de nosotros, incluidas esas comunidades de Belém, esperamos detrás de la puerta. El hipotético yo o si-yo hubiera estado allí, probablemente me habría unido a Cristina y a los manifestantes afuera, a los indígenas que intentaban entrar o a los jóvenes en sus espacios alternativos. Habría buscado el Movimiento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra MST (Movimiento de Trabajadores Sin Tierra) porque mi activismo académico siempre ha estado en el lado de los campesinos, los “pueblos de la tierra”.
No es posible para mí pensar en espacios como la COP sin sentipensar – sin llenarme de emociones abrumadoramente intensas. Por eso me resulta más fácil empezar esta reflexión desde ahí, desde el enfoque sentipensante y mi forma de entender lo que podría ser mi — o más bien nuestra— multiterritorialidad. Surgen reacciones fuertes cuando siento que necesitamos defender a nuestra querida Tierra tanto de la COP como en la COP. Especialmente cuando dicha convención debería ser, de hecho, su principal línea de defensa. Así, el pensamiento también se vuelve emocional y, inexorablemente, sentipensante.
Cuando los campesinos de la costa caribeña colombiana explicaron a Orlando Fals Borda, en los años setenta, lo que significa ser sentipensante, lo hicieron desde su contexto de cultura anfibia. Es decir, desde una perspectiva ya multiterritorial, hombres y mujeres con profundo conocimiento que “combina lo acuático con la Tierra”(1). Fue en un lugar llamado San Martín de Loba donde, según Fals, un pescador le dijo: “nosotros realmente creemos que actuamos con el corazón, pero también usamos la cabeza, y cuando combinamos ambas cosas, somos sentipensantes”.
Una segunda forma de entender el sentipensamiento de la cultura anfibia es desde la autoidentificación espiritual de los pueblos anfibios con la idea del “hombre hicotea”. Esto es una afinidad con aquella pequeña tortuga colombiana que se entierra en verano y vuelve a salir feliz cuando empiezan las lluvias. Los pescadores del río San Jorge lo expresaron así: “somos homres hicotea, sufrimos mucho, pero también disfrutamos, y cuando hacemos la suma, a pesar de nuestra pobreza, gana la alegría”.
En otras palabras, la persona o colectivo sentipensante tiene tres habilidades “variopintas” que se solapan: puede pensar con el corazón y el cerebro, vive y prospera en múltiples territorios, como el agua y la tierra, y puede sufrir enormemente y aun así celebrar la vida como la hicotea.
Allí, en las calles de Belém, fuera de la COP30, había muchos hombres y mujeres con una profunda conexión con el Amazonas, que asomaban la cabeza (como la hicotea) y gritaban en voz alta. Verdaderos pueblos hicotea. Lo hicieron por todos nosotros, en medio de un entorno que, a pesar de estar diseñado para ser inclusivo, seguía siendo hostil. Lo peor de todo es que sigue siendo hostil al cambio tan necesario para salvar los sistemas que sostienen la vida misma en este hermoso planeta, la Tierra, Earth en inglés.
Esto me lleva al concepto de “tierra”, que es muy valioso para mí y, por tanto, un elemento clave de mi sentipensamiento. Mi querida “tierrita”, nuestra tierra, mi “territorio” y vuestro territorio y el suelo que sostiene nuestras plantas y flores en nuestros jardines. Tierra, es esa misma “terra” en el MST “trabalhadores sem terra”. Para sentipensar la tierra en inglés, asimilo el poder detrás de la lucha por la Tierra (lucha por la Tierra – planeta) y la lucha por la tierra (lucha por la tierra, como la lucha tradicional campesina y/o indígena) como un llamado multiterritorial único que ocurre en varios niveles.
Recientemente descubrí cuánto me encanta la palabra “tierra”. Me encontré escuchando de nuevo con gran emoción el poderoso Canto della Terra de Boccelli. Nunca me canso de oírla, aunque siempre lloro. Tierra (con T mayúscula) también es el nombre de nuestro planeta en español (Terra en italiano y portugués), que en español sigue siendo también la tierra, el territorio, nuestro trozo de tierra viva y esa tierra de jardín que se mete en nuestras uñas cuando jugábamos con el barro de niños, “jugando con tierrita”. En la versión original de este texto, invito a los compañeros y compañeras de habla inglesa a que imaginen este concepto: todo eso – mud barro, soil o compost tierra, Earth Tierra – son una misma palabra maravillosa, Tierra, o Terra en portugués. Tocarla, olerla, es una experiencia que llena los sentidos. Cada puñado de tierra fértil que usas para cubrir semillas forma parte de un gran organismo vivo llamado Tierra. También somos nosotros, somos la Tierra. Ningún otro planeta conocido se acerca a su extraordinario desarrollo: la vida. Por eso escuchar el Canto della Terra me hace llorar y me devuelve a la COP. La Tierra Earth que estamos intentando salvar, y mi “tierrita” es la misma entidad. Muchas veces, incluso si intento comprender la lógica inhibidora de soluciones de esas negociaciones internacionales, no las entiendo. Quizá sea porque los negociadores no son sentipensantes, sino simplemente abiertamente capitalopensantes. Quizá.
Si tuviera que pensar mi relación con la tierra en términos de un animal, no podría ser la hicotea como en el caso de los pescadores de San Jorge, yo no soy una mujer anfibia. Es más probable encontrarme admirando a las aves cuidando sus nidos en primavera y a las ardillas preparándose para el invierno. Puedo entenderlas, ya que, como ellas, tiendo a buscar lugares seguros. Por eso también navego por varios territorios: el lugar que llamo hogar en el País de Gales, el hogar que dejé en Colombia, o la universidad donde soy la persona que espero ser.
Dondequiera que esté, sin embargo, intento fracturar el sistema desde el complejo lugar multiterritorial que “habito”. Hago esto todos los días, por ejemplo, encontrando o desarrollando metodologías que ayuden a mis alumnos a ser críticos y sentipensantes: pensar con el corazón, navegar por múltiples mundos y disfrutar de la vida incluso en tiempos desesperados. Quizá ellos sean capaces de lograr lo que nuestra generación no ha podido.
Lo que experimento al escuchar el Canto della Terra podría ser una forma de “rabia” y tristeza profunda. Hemos aprendido de hermanas y hermanos Zapatistas que la ira puede ser dignificada y utilizada de forma creativa (2). A pesar de esos sentimientos complejos, como colombiana, no me resulta extraño encontrar alegría y esperanza. Aunque en este caso, para ser franca, fue la esperanza la que me encontró a mí. El “llamado a la vida” adyacente o arañando la colonialidad climática de la COP surge de las reflexiones escritas por mis colegas y los jóvenes que acompañan este proyecto. He venido leyendo sus reflexiones con atención para ofrecer versiones en español del material que, más allá de simples traducciones o interpretaciones, puedan ser textos fieles al mensaje original. Relatan muchos esfuerzos, aprendizajes e incluso pequeñas y medianas (¿quizás también grandes?) victorias de base que son muy significativas en el contexto de esta COP. Me reconforta leer el blog de CAMAMAZON. Mucho. Hay muchas personas y grupos que están ganando terreno en la COP, que están ampliando su territorio en términos de posibilidades de acción.
Cuanto más reflexiono sobre la COP, desde esos lugares de sentipensamiento, multiterritorialidad y conexión personal con la tierra, más tiendo a concluir que el sistema de jerarquías de la COP podría estar en crisis. Aunque reconozco que el espacio sigue siendo responsable de las victorias para la COP de los pueblos, por ejemplo, sigo percibiendo el núcleo impenetrable como ineficiente y casi maniatado. Una organización jerárquica que mantiene a las comunidades Indígenas locales fuera de la mesa de toma de decisiones, lo cual es fundamentalmente colonial. Y, a nivel más global, por muy fuertes que sean todas nuestras voces, los pueblos del mundo permanecen sin ser escuchados. Mi esperanza es que podamos derribar colectivamente algunos muros que damos por sentados aquí. Después de treinta años de acuerdos sobre el cambio climático, ser invitado a estas conversaciones increíblemente lentas puede que ni siquiera tenga el impacto que esperamos. Quizá debamos cambiar toda la mesa. Quizá, desde nuestras realidades multiterritoriales, por la tierra, debemos sentipensarnos un mejor camino hacia la descolonización efectiva de las resoluciones climáticas.
Referencias
1. Orlando Fals Borda – Concepto de Sentipensante [Internet]. 2017 [citado 2025 23 de septiembre]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=mGAy6Pw4qAw
2. Quintana L. Digna Rabia. Reescribiendo la paz y el conflicto [Internet]. 16 de diciembre de 2025 [citado 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://rewritingpeaceandconflict.net/2025/12/16/digna-rabia/
